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Un diálogo multiétnico Convertir en PDF Version imprimable Suggérer par mail
Écrit par Página12   
12-01-2018
MUSICA. Transcontinental Charango llega esta noche a Rosario
Un diálogo multiétnico
Impulsado por el violinista francés Yann-Gäel Poncet, el proyecto apuesta al intercambio de jazz, electrónica, hip hop y música andina. Para ello suma la participación de Sargento García y del charanguista argentino Oscar Miranda.
Sargento García, Yann-Gäel Poncet y el charanguista mendocino Oscar Miranda.
Sargento García, Yann-Gäel Poncet y el charanguista mendocino Oscar Miranda. 

Alejado de la pura mezcla, de ese mestizaje que estalló en Europa entre fines de los 80 y principios de los 90, el violinista francés Yann-Gäel Poncet apuesta a establecer un diáloga con pares de distintas partes del mundo. Con ese concepto de intercambio, el también cantante y compositor galo le dio forma a Transcontinental Charango, el proyecto multiétnico que comparte con el franco-español Sargento García y el charanguista argentino Oscar Miranda. Esta noche, esa propuesta llegará a la explanada del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa de San Martín 1080, donde a las 20.30 brindarán un concierto gratuito (en caso de lluvia, la presentación se trasladará a una de las salas interiores del CCRF).

 

Integrante del proyecto Electrofacto, reconocido por su talento como violinista y cantante, Yann-Gäel Poncet creó Transcontinental como una plataforma desde la cual posibilitar el encuentro con músicos de distintos orígenes. Tal el caso de Miranda y García: nacido en Mendoza, hijo de padre jujeño y madre boliviana, el primero tuvo un acercamiento autodidacta a la música, y más tarde formalizó sus estudios en el Conservatorio Nacional López Buchardo, luego de que su familia recalara en Buenos Aires tras un largo peregrinar. Allí avanzó en el estudio teórico, mientras confirmaba su vínculo con el charango, instrumento que no formaba parte de la currícula del Conservatorio. Después de la publicación independiente de Che Charango, Miranda fue convocado por el sello Epsa, por donde reeditó no sólo aquel debut sino además Charangotán (donde ya da muestras de su amplitud estilística adaptando al charango un repertorio tanguero), Cordillera y Puente del Inca, donde desarrolló su faceta autoral. Por su parte, Bruno García, hijo de un vasco y una francesa, fue uno de los tantos jóvenes que se vieron cautivados por el rock extremo de fines de los 70. En 1984, a los veinte, formó Ludwig von 88, una de las bandas más respetadas de la escena punk francesa de esos años, con la que editó una decena de discos. Luego adoptaría el seudónimo Sargento García para empezar a explorar con el soundsystem, acercándose al dub y el reggae, y desde allí llegar al hip hop y a la música latina y caribeña, dándole lugar a lo que él mismo denominó “salsamuffin”. Según explica Poncet a Rosario/12, todas esas búsquedas personales encuentran cabida en Transcontinental: “Aquí estamos realmente tratando de hacer un diálogo. Mi idea es mostrar las distintas formas en las cuales la inteligencia humana se expresa, el vocabulario de la música, la historia de los países. Estoy tratando de ir más allá de la mezcla, sino buscar la belleza de las tradiciones”. Luego de una primera experiencia vinculada al calypso, la gestación de Transcontinental Charango se dio como fruto del encuentro entre Poncet y el músico, escritor y cineasta Jerónimo Saer (hijo de Juan José), quien lo introdujo en la música andina. El proceso de investigación emprendido entonces por Poncet tuvo como punto cúlmine la reunión con Miranda, “un virtuoso del charango”. Jerónimo Saer aportó además textos de su autoría, que se combinan con otros de la escritora franco-iraní Lila Azam Zanganeh. Acompañado entonces por algunos de sus compañeros de Electrofacto, García y Miranda, Poncet le da forma a una propuesta de alto nivel estético y, sobre todo, sin frontera alguna. “La idea es mostrar las distintas formas de músicas que existen. Me gusta la música bien hecha. Cuando encuentro una música tradicional, con una historia, me dan ganas de mostrarlo, de compartir la emoción que tengo cuando la escucho”, explica el violinista, que concluye: “No soy musicólogo, no quería hacer ese tipo de trabajo. Por éso me parecía que lo que podía hacer mejor era tocar con ellos, compartir mi música”.
 
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